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Factores de predisposición a experiencias de padecimiento

| 27/12/08
Los cuatro factores más importantes son los siguientes:

1) La disposición básica (o condiciones naturales del individuo).

No todas las personas nacen con las mismas capacidades intelectuales y emocionales. Resulta evidente que hay personas más vulnerables que otras a verse envueltas en problemas y a dejarse invadir por conflictos.

¿Por qué algunos individuos son más vulnerables que otros?

Dicha vulnerabilidad puede ser la expresión de un déficit constitucional (presente desde el nacimiento) que impide enfrentar adecuadamente determinadas situaciones o puede ser el resultado producido por reiteradas condiciones desfavorables a las que estuvo expuesto el individuo desde temprana edad (carencias, malos tratos, consentimiento, falta de límites). Además, las personas pueden volverse vulnerables en momentos posteriores de su vida como consecuencia de episodios vinculados con su evolución o por acontecimientos graves en los que se ven involucrados.

2) La orientación de los mandatos.

La orientación inicial de nuestra vida depende de los mandatos que le sirven de guía. En primer lugar nos orientamos con los mandatos que recibimos desde el momento en que fuimos concebidos y que se actualizan desde nuestro nacimiento. Esos mandatos, son transmitidos originalmente por los padres, representan también la voluntad de nuestro grupo social respecto de lo que se espera de nosotros. Son los ideales que transmiten los Sistemas de Creencias de nuestro marco cultural. Son los valores que regulan nuestro mundo. Aunque en principio están constituidos por un conjunto de normas y obligaciones, contienen también instrucciones y claves para enfrentar las dificultades.

No todos los mandatos tienen la misma fuerza, el mismo rigor ni la misma estrictez. Por ello la orientación que nos brindan puede tener márgenes con grandes variaciones, desde modelos muy rígidos a otros muy flexibles, desde esquemas muy abarcativos a otros muy especificos.
Lo primero que debemos hacer es tratar de cumplir con los mandatos que hemos recibido. Cuando las circunstancias nos resultan favorables en ese sentido, nuestra evolución se realiza sin tropiezos. Sin embargo, en muchas ocasiones, eso no es posible en gran medida. También allí podemos encontrar las raíces de nuestros problemas cuando, por ejemplo, los preceptos de nuestros mandatos resultan excesivos para nuestras posibilidades.

3) El balance de las experiencias vitales.

Nuestra capacidad para enfrentar las sucesivas dificultades depende, además, de los resultados que obtenemos en cada uno de los emprendimientos que llevamos a cabo. Somos evaluadores permanentes de nuestras conductas y estamos naturalmente preparados para vernos fortalecidos con el éxito y a vernos debilitados con el fracaso. Nos manejamos en base a los resultados que vamos obteniendo con nuestras acciones. Aprendemos a reconocer qué cosas y qué situaciones nos resultan favorables, agradables, beneficiosas y cuáles no.

En conexión con ello se encuentra un fenómeno de gran importancia para la terapia: la capacidad anticipatoria de la conducta humana. Esto quiere decir que la estimación que hacemos de los efectos de nuestros comportamientos incide de manera muy poderosa sobre las consecuencias que esperamos habrán de tener las nuevas conductas que podamos emprender en el futuro. Como resultado de ello, muchas veces tendemos a vernos influidos fuertemente por los resultados de nuestras propias acciones. Así por ejemplo, el éxito en alguna tarea nos predispone a ser más eficientes y, contrariamente, el fracaso, nos induce a equivocarnos aún más.

4) Los límites del contexto en que se desarrolla su vida.

Mientras todas esas cosas ocurren, no vivimos aisladamente, tratando de superar las dificultades metidos en una cápsula separada del mundo, sin otras interferencias. Muy por el contrario, como seres sociales que somos, vivimos dentro de determinados contextos, donde cada uno de nosotros está luchando por superar sus propias dificultades al mismo tiempo que lo hacen los demás. Nacemos en el seno de determinados grupos y vivimos formando parte de esos y otros grupos. Los grupos son los que generan la cultura y son también los que garantizan nuestra identidad.

Pero actuar dentro de un grupo no es algo sencillo, porque los grupos son, también, un ámbito de lucha. Por múltiples razones, los integrantes de un grupo pueden enfrentarse y competir entre sí, dificultándose así la posibilidad de encontrar lugares adecuados para uno o más individuos. En situaciones extremas, alguna persona puede verse empujada hasta el límite de su pertenencia y verse amenazada con la exclusión, con lo que se puede provocar una crisis de gran magnitud. Necesitamos lograr un buen posicionamiento en los grupos en los que participamos y las dificultades que encontramos en ello son un componente más de nuestro conflictos.

Material consultado:
Fernández Alvarez, H. Terapia Cognitiva. (1999) En "El bienestar que buscamos. Tres enfoques terapéuticos", AH Editores, Buenos Aires, págs. 207-212

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