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El lenguaje podría explicar la mala memoria de sucesos de la niñez

| 27/12/08
FUENTE: Psychological Science, 2002,13.

Informa Reuters

Por Melissa Schorr

NUEVA YORK (Reuters Health) - Es posible que los niños sean incapaces de recordar acontecimientos de su niñez temprana debido a que entonces no poseían las facultades para procesar información por completo y más tarde recordar esas memorias, informaron investigadores.

"Proponemos que una razón por la que no podemos recordar muchas cosas de nuestra infancia o niñez temprana es porque esos recuerdos tempranos existen en un formato diferente al de las memorias almacenadas cuando somos niños mayores y adultos", dijo a Reuters Health la autora del estudio, Harlene Hayne, profesora asociada de psicología y directora del Proyecto de Aprendizaje Precoz de la Universidad de Otago, en Dunedin, Nueva Zelanda.

Los investigadores realizaron un estudio para investigar el fenómeno conocido como amnesia de la niñez, la razón por la que las personas no tienen generalmente memorias anteriores a los tres o cuatro años.

Aunque Sigmund Freud sostenía la teoría de que los recuerdos tempranos sufren un proceso de represión, los psicólogos modernos sospechan que la causa podría subyacer en el grado de inmadurez del proceso de la memoria.

Hayne y su colega, Gabrielle Simcock, sospechaban, sin embargo, que el desarrollo del lenguaje podría jugar un papel.

"La memoria por sí misma no presenta etapas de ritmo limitado", dijo Hayne. "Estudios anteriores mostraron claramente que incluso niños muy pequeños pueden formar y recordar memorias incluso después de largos períodos".

Las investigadoras decidieron estudiaron niños de 27, 33 y 39 meses de edad. Se presentaron en las casas de los chicos y jugaron un juego específico con ellos. A continuación, realizaron un seguimiento a los seis meses y al año, pidiendo a los niños que describieran verbalmente el juego, que reconocieran los dibujos relacionados con el juego y que finalmente recrearan nuevamente el juego.

Las investigadoras también pidieron a los padres que escribieran las palabras que los niños conocían en el momento del juego y durante cada visita posterior, señaló el informe publicado en la edición de marzo de la revista Psychological Science.

Las científicas hallaron que los niños fueron, por lo general, capaces de describir el juego, reconocer los dibujos e incluso recrear el juego. Sin embargo, no parecieron ser capaces de describir sus recuerdos sobre el juego usando palabras que no conocían en el momento de jugar, pero que aprendieron después.

"La capacidad de los niños de ofrecer una descripción verbal del acontecimiento se congeló en el tiempo, reflejando su vocabulario en el momento en que ocurrió, no en el tiempo de la prueba", explicó Hayne.

"En ningún momento, durante el recuento verbal, un niño usó alguna palabra aprendida en la porción de la prueba que no tuvo relación con su vocabulario en el momento que ocurrió", añadió.

Por ejemplo, si el niño no conocía la palabra pelota en el momento de la prueba, pero jugó con una pelota, a pesar de que estuviera familiarizado con la palabra un año después, fue incapaz de usar dicha palabra para describir con precisión el recuerdo de ella.

Estos hallazgos implican que los niños son incapaces de acceder a sus recuerdos antes de que sus facultades de lenguaje se hubieran desarrollado.

"Los niños no mostraron evidencia de que podían traducir en lenguaje aspectos preverbales de sus recuerdos, a pesar de que poseyeran el vocabulario adecuado en el momento de la prueba", dijo Hayne.

"El cambio en el proceso de memoria preverbal a verbal puede hacer que esos recuerdos se tornen inaccesibles a la expresión verbal más tarde en el desarrollo", añadió Hayne. "Puede que para los niños sea difícil, aunque no imposible, hacer un recuento verbal de un acontecimiento que ocurrió antes de la adquisición del lenguaje".

Sin embargo, Hayne indicó que los padres no deberían descartar un viaje formativo a Disney World con sus hijos o hacerles experimentar otros momento memorables.

"Las experiencias de calidad nunca desaparecen de los niños", indicó. "Aunque los chicos no retengan un recuerdo narrable en su totalidad de sus experiencias, el efecto puede facilitar consiguientes logros cognoscitivos, incluido el desarrollo del lenguaje, el aprendizaje y las facultades para resolver problemas".

Extraido de http://www.geocities.com/psicoresumenes_2/articulos/lenguaje.htm

Los motivos más frecuentes de consulta

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¿De qué se quejan las personas que van a consultar a un terapeuta? Aunque existe un número extraordinariamente amplio de motivos que impulsan a la gente a realizar una consulta, parece claro que todos ellos pueden agruparse en tres grandes categorias:

a) Algunas personas se sienten molestas por algún síntoma definido, por algún malestar que tiene una forma específica de manifestarse. Son las personas que sufren depresiones, que dicen estar angustiadas, que tienen problemas para dormir, que padecen inhibiciones, que tienen temor a hablar en público, que no pueden controlar la compulsión por la limpieza, que son tímidas o que no pueden controlar sus reacciones agresivas. También pertenecen a este grupo aquellos individuos cuyos problemas psicológicos afectan su estado físico, como el caso de las personas alérgicos, con problemas gástricos o con asma. Igualmente merecen estar incluidos aquí aquellos seres a los que sus dificultades personales les ocasionan problemas en su trabajo o en sus estudios (falta de concentración, inconstancia, temores ante el éxito).

b) Otras personas se sienten mal porque encuentran especiales dificultades en algún vínculo. Las más habituales son los problemas familiares (dificultades en la relacion entre padres e hijos o enfrentamientos en el interior de una fratría) y de pareja (desencuentros y peleas, infidelidad, problemas psicológicos relacionados con la esterilidad). Menos habitualmente, los problemas de comunicación que llevan a una consulta pueden originarse en el seno de otros vínculos como relaciones laborales o grupos de desarrollo.

c) Finalmente hay personas que se sienten mal sin que ello obedezca a ningún síntoma específico ni a un problema de comunicación en particular. Son individuos que se sienten confundidos por la manera en que llevan adelante su vida, que no encuentran una forma de vivir que les satisfaga, que se sienten molestos con su forma de ser en general, cuya preocupación no está centrada en nada particular, sino en su manera de vivir en general.

Material consultado:
Fernández Alvarez, H. Terapia Cognitiva. (1999) En "El bienestar que buscamos. Tres enfoques terapéuticos", AH Editores, Buenos Aires, págs. 220-221.

Factores de predisposición a experiencias de padecimiento

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Los cuatro factores más importantes son los siguientes:

1) La disposición básica (o condiciones naturales del individuo).

No todas las personas nacen con las mismas capacidades intelectuales y emocionales. Resulta evidente que hay personas más vulnerables que otras a verse envueltas en problemas y a dejarse invadir por conflictos.

¿Por qué algunos individuos son más vulnerables que otros?

Dicha vulnerabilidad puede ser la expresión de un déficit constitucional (presente desde el nacimiento) que impide enfrentar adecuadamente determinadas situaciones o puede ser el resultado producido por reiteradas condiciones desfavorables a las que estuvo expuesto el individuo desde temprana edad (carencias, malos tratos, consentimiento, falta de límites). Además, las personas pueden volverse vulnerables en momentos posteriores de su vida como consecuencia de episodios vinculados con su evolución o por acontecimientos graves en los que se ven involucrados.

2) La orientación de los mandatos.

La orientación inicial de nuestra vida depende de los mandatos que le sirven de guía. En primer lugar nos orientamos con los mandatos que recibimos desde el momento en que fuimos concebidos y que se actualizan desde nuestro nacimiento. Esos mandatos, son transmitidos originalmente por los padres, representan también la voluntad de nuestro grupo social respecto de lo que se espera de nosotros. Son los ideales que transmiten los Sistemas de Creencias de nuestro marco cultural. Son los valores que regulan nuestro mundo. Aunque en principio están constituidos por un conjunto de normas y obligaciones, contienen también instrucciones y claves para enfrentar las dificultades.

No todos los mandatos tienen la misma fuerza, el mismo rigor ni la misma estrictez. Por ello la orientación que nos brindan puede tener márgenes con grandes variaciones, desde modelos muy rígidos a otros muy flexibles, desde esquemas muy abarcativos a otros muy especificos.
Lo primero que debemos hacer es tratar de cumplir con los mandatos que hemos recibido. Cuando las circunstancias nos resultan favorables en ese sentido, nuestra evolución se realiza sin tropiezos. Sin embargo, en muchas ocasiones, eso no es posible en gran medida. También allí podemos encontrar las raíces de nuestros problemas cuando, por ejemplo, los preceptos de nuestros mandatos resultan excesivos para nuestras posibilidades.

3) El balance de las experiencias vitales.

Nuestra capacidad para enfrentar las sucesivas dificultades depende, además, de los resultados que obtenemos en cada uno de los emprendimientos que llevamos a cabo. Somos evaluadores permanentes de nuestras conductas y estamos naturalmente preparados para vernos fortalecidos con el éxito y a vernos debilitados con el fracaso. Nos manejamos en base a los resultados que vamos obteniendo con nuestras acciones. Aprendemos a reconocer qué cosas y qué situaciones nos resultan favorables, agradables, beneficiosas y cuáles no.

En conexión con ello se encuentra un fenómeno de gran importancia para la terapia: la capacidad anticipatoria de la conducta humana. Esto quiere decir que la estimación que hacemos de los efectos de nuestros comportamientos incide de manera muy poderosa sobre las consecuencias que esperamos habrán de tener las nuevas conductas que podamos emprender en el futuro. Como resultado de ello, muchas veces tendemos a vernos influidos fuertemente por los resultados de nuestras propias acciones. Así por ejemplo, el éxito en alguna tarea nos predispone a ser más eficientes y, contrariamente, el fracaso, nos induce a equivocarnos aún más.

4) Los límites del contexto en que se desarrolla su vida.

Mientras todas esas cosas ocurren, no vivimos aisladamente, tratando de superar las dificultades metidos en una cápsula separada del mundo, sin otras interferencias. Muy por el contrario, como seres sociales que somos, vivimos dentro de determinados contextos, donde cada uno de nosotros está luchando por superar sus propias dificultades al mismo tiempo que lo hacen los demás. Nacemos en el seno de determinados grupos y vivimos formando parte de esos y otros grupos. Los grupos son los que generan la cultura y son también los que garantizan nuestra identidad.

Pero actuar dentro de un grupo no es algo sencillo, porque los grupos son, también, un ámbito de lucha. Por múltiples razones, los integrantes de un grupo pueden enfrentarse y competir entre sí, dificultándose así la posibilidad de encontrar lugares adecuados para uno o más individuos. En situaciones extremas, alguna persona puede verse empujada hasta el límite de su pertenencia y verse amenazada con la exclusión, con lo que se puede provocar una crisis de gran magnitud. Necesitamos lograr un buen posicionamiento en los grupos en los que participamos y las dificultades que encontramos en ello son un componente más de nuestro conflictos.

Material consultado:
Fernández Alvarez, H. Terapia Cognitiva. (1999) En "El bienestar que buscamos. Tres enfoques terapéuticos", AH Editores, Buenos Aires, págs. 207-212

Definición: Cognición y Terapia Cognitiva

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Dos definiciones a cargo del maestro Héctor Fernández Alvarez:

La Terapia Cognitiva es un tratamiento psicológico cuyo objetivo es ayudar a las personas que ven afectada su calidad de vida debido al padecimiento provocado por las dificultades que encuentran para resolver problemas específicos en su conducta, en sus emociones o en sus relaciones interpersonales o bien por las limitaciones que experimentan para poder concretar un proyecto personal.

Cognición: Unidad mental que le sirve al ser humano para captar y organizar la realidad, tanto interna como externa. Toda cognición implica llevar a cabo una operación intelectual, está asociada con alguna emoción y permite, de manera simultánea, emitir un juicio sobre esa realidad.

¿Por qué no cambia la gente?

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Porque no puede cambiar

No podemos cambiar aquellas condiciones propias que no podemos controlar voluntariamente. No podemos cambiar cambiar intencionalmente los aspectos propios que están fijados, cerrados y totalmente determinados por fuerzas ajenas a nuestro control. Nuestra composición genética, nuestra ubicación temporal en la historia, nuestra bioquímica y el status social de nuestras familias de origen son factores dados que no fueron determinados por nosotros. Son variables relativamente estables que no están abiertas generalmente al cambio intencionado.

Tampoco se pueden cambiar los aspectos propios de los que no somos conscientes.

La gente tampoco puede cambiar si no se cree que se puede cambiar. Podemos desmoralizarnos con respecto a nuestras capacidades para cambiar y concluir que no tenemos el poder o fuerza interior suficientes para cambiar.

Si se considera que las conductas problemáticas particulares están bajo un control biológico, la conclusión más probable es que no se pueden controlar este tipo de comportamientos.

De la misma forma que la gente desplaza toda la responsabilidad del propio comportamiento a los procesos biológicos, también puede proyectar todos los controles sobre las fuerzas exteriores, tales como la familia, la sociedad o el destino.

La gente no puede cambiar si cree que el autocontrol es demasiado débil para cambiar los fenómenos psicológicos que están parcialmente bajo control de la biología o la sociedad.

Porque no quiere cambiar

Incluso si la gente cree en el propio poder para cambiar, se dan condiciones bajo las cuales puede que no se quiera cambiar. No se quiere cambiar cuando se percibe que los pros de las conductas problemáticas superan los contras de estos comportamientos. Generalmente tampoco se quiere cambiar cuando los beneficios del cambio sólo igualan a los costes del cambio. Oímos a la gente de cir: "Sé que este comportamiento algún día me matará, pero me gusta y me ayuda a calmar el estrés". Hay menos probabilidades de querer el cambio cuando se deben dejar de lado los beneficios inmediatos, como el placer o la reducción del estrés, a cambio de reducir unos riesgos a largo plazo, como la enfermedad o la muerte. Se puede comprender a las personas que no quieren hacer estos cambios desde una perspectiva psicoanalítica, que considera el principio de placer primero y más poderoso que el principio de realidad. También se puede defender esta condición desde una perspectiva conductual en la cual las consecuencias inmediatas ejercen mucho más control sobre el comportamiento que las consecuencias tardías (Prochaska & Norcross, 1998).

También es posible que las personas no quieran cambiar cuando perciben que los demás intentan presionarles u obligarles a cambiar. El deseo de controlarnos a nosotros mismos y a nuestro entorno puede causar una resistencia a cambios que podrían sernos favorables.

Porque no se sabe como cambiar

Se puede querer cambiar pero no saber cómo. Incluso con la ayuda de las mejores terapias disponibles, la mayoría de los alcohólicos, drogadictos, obesos y fumadores recaerán en su adicción en un año o dos después de su tratamiento (Hunt & Matarazzo, 1973).
Mucha gente llega a la terapia creyendo que puede cambiar y por eso viene. Quiere cambiar, pero no sabe cómo cambiar y por eso está aquí.

Desafortunadamente, muchos pacientes llegan a la terapia creyendo que los terapeutas tienen el conocimiento para ayudarles a cambiar rápidamente sus problemas crónicos. Los problemas concretos, como el caso de la impotencia, se pueden resolver con rapidez. Pero, en el caso de problemas crónicos se necesita mucho más tiempo para cambiar. Como media, los pacientes siguen una terapia de tres sesiones. El resultado es que no dan a la terapia o a los terapeutas la oportunidad de ayudarles a cambiar. Si no saben cambiar, incluyendo el tiempo que se necesita para cambiar, es poco probable que se recuperen de los problemas conductuales crónicos.

Porque no se sabe qué cambiar

Muchos pacientes llegan a la terapia sin saber qué tienen que cambiar. Se sienten desorientados con respecto a las causas y soluciones de su problema.

Si consultan a un terapeuta conductual, éste les animará a analizar los antecedentes inmediatos y las consecuencias de su problema. Estos estímulos situacionales se consideran las causas claves o los controles de comportamiento y tendrán que cambiarse si quieren modificarse el problema con la bebida.

Para los terapeutas cognitivos, lo básico no son los hechos precedentes o posteriores al problema en cuestión sino cómo se procesan o se consideran estos hechos.

La consulta a un terapeuta interpersonal llevará al cliente a analizar sus modelos y conflictos interpersonales, considerados como la base de la mayoría de las psicopatologías.

Los terapeutas familiares que se basan en la familia de origen, animarían a los clientes a entender sus reglas y relaciones familiares iniciales más que sus modelos interpersonales actuales.

Los terapeutas psicoanalíticos y psicodinámicos pueden ayudar a los clientes a analizar los conflictos intrapersonales que pueden ser la base de los síntomas.

No es de extrañar que muchas personas se sientan confundidas con respecto a lo que tienen que cambiar, si cinco tipos de terapeutas diferentes atribuyen a cinco causas diferentes sus problemas. Y ni siquiera hemos mencionado los terapeutas orientados biológicamente o espiritualmente u otras orientaciones de las más de 400 terapias que existen actualmente (Prochaska & Norcross, 1998). Si los terapeutas no se pueden poner de acuerdo en qué necesidades es preciso cambiar con el fin de ayudar a superar los problemas de las personas, entonces cómo podemos esperar que la gente sepa lo que tiene que cambiar?

Para responder o problematizar esta cuestión ver en esta misma página:
Factores compartidos por todas las psicoterapias.
y
Eficacia comparativa de las distintas psicoterapias.

Material consultado:
¿Por qué no se mueven los continentes? ¿Por qué no cambian las personas? Prochaska, J. O. y Prochaska, J.M. Revista de Psicoterapia, Vol XII, Nº 46-47, 17-35, 2001.